El son de la música motivaba tu cuerpo, sus golpes, sus cambios de ritmo hacían de tu cuerpo una marioneta en manos de la melodía que en ese instante sonaba, mis ojos son el único testigo de lo que pasó esa noche, contra más disfrutabas de la música, más disfrutaba yo viéndote, todo oscuro, la única luz era una simple vela, la cual hacia su función, pues ella dibujaba en la pared la silueta de cuerpo, su temblor me contagiaba, el calor que yo sufría no era culpa del calor que producía la vela, era simplemente un mero anticipo. Contra más siluetas hacías, más latía mi corazón y más sentía que mi cuerpo se llenaba de calor, como si dentro de mi ser hubiera una vela, que no iluminaba sino que me daba calor, un calor que tanto ansiaba, mis sentidos me mentían pues yo podía ver la vela pero su calor lo notaba en mi interior. En ese momento me ofreciste un montón de sensaciones y sentimientos, en ese momento transformaste una noche fría en un cuerpo ardiendo, simplemente por aquella vela encendida, la cual su única función era confundir mis sentidos para así poder ver con su tenue luz lo que de verdad quería. En aquella mezcla de sensaciones apareciste tu.
A veces lo que no logramos ver es lo que hace diferenciar los momentos mágicos y especiales, si tenemos presente que es lo que realmente queremos y lo alimentamos con ilusión podemos ser muy felices.
Por que no ceder los dos.

