
Sentirse a gusto con uno mismo está muy bien, quién lo duda. Pero el secreto está en la cabeza, no en la figura. La dicha no nace de la anatomía, sino del día a día, de que hagamos un trabajo que nos guste, de que tengamos una familia que nos quiera, una pareja que nos haga la existencia más llevadera, de una copa de buen vino, de una tarde de otoño viendo caer la lluvia, del olor de las jaras en junio... En fin, de tantos y tantos dones al alcance de nuestra mano, los placeres sencillos de la vida, los más importantes.
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