Soñábamos con caminos que fuera juntos no entrelazados como fueron, sin miedo a las miradas ni a los comentarios y lo conseguimos, fue complicado pero subimos aquella montaña de sensaciones y sentimiento apartando de nuestro camino las dudas, uno subía por un lado y el otro por el contrario pero al mismo modo subíamos a la misma cima. El cielo era un inmenso cumulo de espejos pues abajo había una estrella y arriba muchas, su luz me iluminaba el sendero por que mi camino carecía de mi luz propia y necesitaba de esa luz, cuanto más subía mas resplandor había y es que cada paso que di hacia delante es un paso más que me acercaba a lo que quería y me hacia olvidar lo que no sentía. Y allí estaba aquella estrella que antes había visto fugazmente, la que solo podía mirar y al parpadear la perdía, junto a ella podía volar y no fugazmente con deseos que se desvanecen si no volar de verdad aprendiendo a ver cada pequeño detalle haciéndome sentir una estrella más, sin miedo a que seamos fugaces.
Dicen que si pides un deseo a una estrella fugaz se cumple pero a mi nunca me ha funcionado y por eso hemos tardado en encontramos por que no teníamos que pedir un deseo, simplemente desearlo.
Nunca estaré solo siempre tendré tu reflejo en el cielo, aquella que más brilla.

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